RECUPERANDO LAS RAÍCES DE LA DEMOCRACIA

Revista Crónicas de Cuenca 

            Mirar al futuro, asumiendo nuestro pasado; honrar a quienes fueron deshonrados. En definitiva, reclamar la memoria de la República y de todos aquellos que murieron por sus ideas, víctimas de la represión franquista, es uno de los objetivos perseguidos por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca.

 

             La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca (ARMHCUENCA) lleva aproximadamente año y medio trabajando en nuestra provincia.

            Su labor se une a la labor que desarrollan en otros puntos de España asociaciones del mismo carácter cuyo objetivo podría resumirse, según Máximo Molina, integrante de ARMHCUENCA, en una sola frase: «Devolver la dignidad a quienes nunca la perdieron».

            Para Molina, la única forma de devolver esa dignidad es recuperar la memoria de una Historia, la española, antes, durante y, después de la Guerra Civil a la que un «pacto tácito» entre los diferentes poderes políticos en el año 75 condenó al olvido a cambio de un futuro democrático para nuestro país.

«Si ahora, que han pasado más de 60 años, no es el momento, ¿cuando lo va a ser?, insistía Molina en este sentido.

            Además, esta parte de la Historia, explicaba Molina, es fundamental porque es en esos años, en los años de la República Española, donde se asienta nuestra verdadera tradición Democrática, «porque, desde luego, donde no se asienta es en una Dictadura», insistía el miembro de ARMHCUENCA, mientras relataba la amplitud de derechos que se fueron reconociendo en esa etapa «hasta el punto de que las mujeres podían votar y el sufragio era universal».

            La lucha de las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha centrado en diferentes frentes aunque los dos principales son el, ‘institucional’ y el llamémosle ‘social’.

            Poco se ha avanzado en el primero de ellos, reconocía Molina, pero eso no ha impedido que se siga demandando lo que es justo: recuperar la historia de España tal y como fue «con sus luces y sus sombras» y no como se nos ha querido «hacer creer».

            Es aquí cuando Molina recuerda con cierta indignación lo que aún hoy se enseña en los libros de texto, las todavía existentes excursiones de los alumnos al Valle de los Caídos, en los que se rinde homenaje a los muertos «como siempre, de un sólo lado», obviando a los del otro, y las promesas incumplidas de los sucesivos gobiernos.

«Sin ir más lejos en el 2002, el Gobierno se comprometió a favorecer la recuperación de la Memoria Histórica pero aún no se ha hecho nada al respecto. Es cierto, no obstante -matizaba Molina al respecto-, que el Gobierno de Zapatero ha anunciado en este sentido la creación de una oficina de ayuda al ciudadano; una medida que nos parece insuficiente pero que entendemos como un primer paso. Veremos a ver que pasa».

            Para Molina, las víctimas y sus descendientes siguen necesitando un reconocimiento público y «que mejor reconocimiento público que -explicaba el integrante de ARMHCUENCA-, por ejemplo, en el mismo Valle de los Caídos se monte, de forma paralela, una exposición, donde el visitante pueda conocer también cómo y quiénes construyeron ese gran Mausoleo».

            No hay que olvidar, insistía Molina, que fueron los republicanos condenados a trabajos forzados por el régimen franquista quienes lo levantaron piedra a piedra, con su sudor y esfuerzo hasta el punto de que muchos de ellos perdieron su vida en dicha empresa.

            Se trata ésta de una reivindicación antigua por parte de las Asociaciones en pro de la Recuperación de la Memoria Histórica que, hoy por hoy, reconoce Molina «estamos aún lejos de conseguir pero que no vamos a dejar de demandar».

            Sin embargo, en lo ‘social’ sí se van consiguiendo pequeños triunfos, una vez que unos y otros superan sus propios miedos, aunque «también aquí vamos despacio», matizaba Molina.

            Prueba de ello es la propia Asociación conquense que tan sólo año y medio después de su fundación cuenta con más de 40 socios, entre afectados directamente y colaboradores, así como las diferentes actividades que se programan desde ella y que están logrando implicar a gran parte de la ciudadanía.

            Sin ir más lejos, el próximo 25 de septiembre, la ARMHCUENCA celebrará Asamblea General en el salón de plenos del ayuntamiento de Tarancón con la asistencia del presidente nacional Emilio Silva. Una Asamblea que los coordinadores de la misma organizarán en dos partes; una primera, sólo para socios, que tenía por objeto «rendir cuentas de lo que hemos hecho en este último año», explicitaba Molina y, otra, «abierta a todo aquél que tenga preguntas o que simplemente sienta curiosidad por lo que hacemos y por nuestros objetivos».

            La próxima cita que propone la ARMHCUENCA es en El Provencio. «Allí -explica Molina- tenemos intención de llevar a cabo el primero de los homenajes a víctimas del franquismo que haremos en diferentes puntos de la provincia. Queremos que estos homenajes se combinen con jornadas y conferencias impartidas por historiadores, tanto locales como de fuera, para que se conviertan en un punto de encuentro y un auténtico foro de debate donde puedan participar todos, historiadores y vecinos del lugar con sus recuerdos, así como jóvenes y todo aquél que esté interesado».

 

Exhumaciones

            Una de las labores más reconocidas de estas Asociaciones es la localización y recuperación de los restos mortales de quienes, víctimas de la represión franquista, fueron enterrados «como animales, en medio del campo, normalmente en fosas comunes, sin que sus familiares pudieran jamás recuperar sus restos, ni velarlos como se merecen», indicaba Molina, para que «de una vez por todas deje de haber muertos de tercera». Porque, isistía el integrante de ARMHCUENCA en este sentido, en la Guerra Civil española hubo muertos de ambos bandos, pero sólo a los de un lado, el republicano, se les ha negado a lo largo de los años  «una sepultura digna», donde sus familiares deseen.

            Además, en estos momentos, explicaba Molina, «la recuperación de restos es una de nuestras prioridades porque no estamos dispuestos a permitir que un sólo anciano más muera llevándose consigo la pesada losa de no saber dónde esta enterrado su padre, su madre, su tío, o su abuelo y sin poder enterrar sus restos como toda persona se merece».

            Una losa ésta, matizaba Molina, «difícil de soportar» y que este integrante de la ARMHCUENCA ha experimentado en primera persona. «Mi abuelo Francisco Gutiérrez Lobo fue fusilado en Bornos (Cádiz) en agosto del 36. Nosotros conseguimos localizar sus restos en una fosa común el pasado septiembre, aunque aún no hemos podido recuperarlos». 

 «Fue ese interés por recuperar los restos de mi abuelo hace ya tres años, y la inestimable ayuda que recibí desde la provincia gaditana lo que me llevó a impulsar una asociación de las mismas características en nuestra provincia que, además fue muy castigada durante la guerra y, sobre todo, durante la represión franquista».

            La primera exhumación coordinada por la ARMHCUENCA en nuestra provincia tenía lugar, de la mano de un equipo especializado liderado por el médico Forense de la Universidad del País Vasco, Francisco Etxeberría, Y por el arquólogo conquense Ángel Fuentes de la Universidad Autónoma de Madrid -«que enseguida aceptaron nuestra petición de ayuda», puntualizaba Molina-, el pasado siete de agosto en el cementerio de Santa Catalina de Uclés.

            Los restos pertenecían a Juan Francisco Vindel Carrillo, natural de Horcajo de Santiago, muerto, a manos de sus carceleros como consecuencia de una brutal paliza en el Monasterio de Uclés, en agosto de 1941, cuando éste era cárcel franquista.

            Un momento éste, el de la exhumación, que este miembro de la ARMHCUENCA, recuerda «con gran emotividad» porque para él, y para todos los que han colaborado de una manera u otra en la búsqueda, localización y exhumación de Juan Francisco Vindel, así como para sus familiares, supuso no sólo «una recompensa al trabajo realizado» sino también un ejemplo más de que, por fin hoy, «se ha hecho justicia».

            Pero antes de llegar a este «momento único», como también lo definía Molina, hay que recorrer un largo camino que comienza, como nos explicaba él mismo con la petición de búsqueda de los restos del familiar desaparecido.

            Es entonces cuando la recopilación de documentos que puedan aportar datos a cerca de dónde puedan hallarse dichos restos comienza, «como si de un puzzle que hay que reconstruir pieza a pieza se tratara».

            Aquí, explicaba Molina, nos encontramos con las primeras dificultades puesto que casi no hay fuentes documentales escritas ya que insistía Molina, «si algo hizo bien el régimen franquista fue intentar no dejar huellas de sus atrocidades». Por eso, proseguía el miembro de ARMHCUENCA, «la mayor parte de la fuentes en las que basamos nuestras investigaciones son orales».

            Así pues, mucha información procede de lo que la propia familia del desaparecido recuerda y, mucha otra de lugareños o compañeros presos, etc, quienes también, en muchos casos venciendo antiguos miedos, se atreven a relatar lo que sus ojos vieron y lo que sus oídos oyeron. «Aún hoy, nos cuesta mucho que la gente hable», explicaba Molina en este sentido.

            También por eso, porque la mayoría de las fuentes de las que disponen las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica son orales y son en su mayoría gente mayor, «las localizaciones de víctimas y sus exhumaciones se han convertido para esta Asociación en una prioridad; si ellos mueren, no tendremos nada con qué trabajar».

            Una vez localizadas las fosas, es necesario tramitar los permisos necesarios para poder realizar legalmente la exhumación de los restos mortales. La ARMHCUENCA, explica Máximo Molina, también ayuda y acompaña a los familiares en esta tarea.

            Dichos trámites, insistía Molina, son «bastante sencillos puesto que los requisitos que se solicitan suelen ser mínimos».

            Y es que, puntualizaba el miembro de ARMHCUENCA en este sentido «ni siquiera la legislación en esta materia ha tenido en cuenta a las víctimas y a sus familias», al no contemplar explícitamente este supuesto.

            Al respecto, seguía explicando Molina, el ‘Decreto de Sanidad Mortuoria’, que regula el enterramiento y transporte de restos humanos en nuestra comunidad exige unos requisitos, que por supuesto respetamos, ilógicos desde un punto de vista sanitario ya que «lo que se traslada en estos casos ya no es un cadáver sino restos óseos que no entrañan ningún riesgo sanitario puesto que, al encontrarse enterrados durante tanto tiempo, no podrían transmitir ninguna enfermedad, ni siquiera, y, por poner un ejemplo significativo, la de la tuberculosis puesto que se ha demostrado médicamente que su bacilo no sobrevive tanto tiempo».

            La única dificultad, matiza Molina, es la prohibición que existe en Castilla - La Mancha en concreto, de realizar exhumaciones durante los meses de verano. Una cuestión, sin embargo que, insistía Molina, puede arreglarse solicitando a la Junta «un permiso especial», como el caso de Juan Francisco Vindel. «Su familia eligió esa fecha porque se correspondía a la onomástica de su muerte».

            Una vez todo esta en regla, ya sólo queda proceder a la exhumación que siempre ha de ser realizada por expertos.

            En esta fase, indicaba Máximo Molina, es fundamental la labor de estos profesionales puesto que son ellos los que han de proceder a la identificación de los restos óseos, antes de su traslado.

            En muchos casos, esta identificación «no tiene porqué conllevar pruebas de ADN sino que se puede realizar a través de otros datos como la foto, altura, la constitución, la edad, las lesiones, etc., de la víctima «como ocurrió con Vindel».

            En este sentido, matizaba Molina, «nosotros contamos con un instrumento muy útil, el Archivo Militar de Guadalajara que recoge todos estos datos de todos los varones españoles».

            El reto de la ARMHCUENCA es, ni más ni menos que proceder a la localización exacta de las más de 500 víctimas del franquismo que en estos momentos e encuentran enterradas, la mayoría en fosas comunes, sin placas ni nombres, en los cementerios de Uclés, tanto en el de Santa Catalina «donde habrá unos ocho», matizaba Molina como en el de La Tahona, «hoy cerrado a cal y canto», donde descansa el resto.

            De esos más de 500 muertos, explicitaba el integrante de ARMHCUENCA, 200,que sepamos, perdieron la vida en el Monasterio de Uclés cuando fue Hospital republicano y, 316, también en el Monasterio, cuando éste fuera cárcel franquista tras la contienda civil como consecuencia de la dura represión franquista.

            De momento, explicaba Molina, «ya hemos documentado y prácticamente localizado siete víctimas más en el cementerio de Santa Catalina; dos mujeres de Sisante que descansan juntas en la misma fosa y que fueron fusiladas en mayo del 40 y otras cinco víctimas varones, en dos fosas comunes, que se corresponden  con los primeros fusilados en la prisión de Uclés en marzo del 40, y que son naturales de San Clemente, Leganiel, Barajas de Melo y Tarancón. La fuente en la que nos estamos basando es Ángel Iniesta, que fue preso de Uclés, y que también sabe mucho de las fosas comunes de la Tahona. Seguramente, si los familiares así lo desean, podamos proceder a la exhumación de sus restos en un futuro próximo. Ya hemos tenido contacto con las siete familias que sí se han mostrado muy interesadas».

 

La Historia más negra de Uclés

El Monasterio Cárcel

 

            Negra es la Historia que rodea al Monasterio de Uclés prácticamente desde sus mismos orígenes.......

            Su ubicación estratégica convirtió el antiguo castro romano -que era originariamente la villa- en imponente fortaleza medieval, escenario de múltiples contiendas entre moros y cristianos, que se resolverían en 1157 a favor de los defensores de la Cruz pero, no sin antes dejar tras de sí una impresionante estela de muertos.

            Fue a partir de esta época -escasos años más tarde- cuando Uclés alcanza su más alto destino: ser cabeza principal de la renombrada Orden de Santiago. Años de esplendor que, mucho tiempo después, darían paso a otro de sus episodios más oscuros.

            Y es que, tras la Guerra Civil española uno de los Monasterios más bellos de España -el Escorial de La Mancha, como lo llaman algunos por sus visibles similitudes arquitectónicas con el edificado por Juan de Herrera-, se convertía en angustiosa cárcel franquista. Cientos de presos políticos fueron confinados entre sus cuatro paredes, pasando allí los que, seguramente, fueron los días más amargos de sus vidas; para muchos, ‘días’, que serían los últimos.

            Nada quedaba para entonces del noviciado y del colegio de Agustinos que el Monasterio había sido antes de la contienda, y que los defensores de la República asaltaron durante la guerra para después convertir en Hospital de Sangre, en el que serían atendidos los heridos republicanos procedentes de los frentes cercanos.

            En esta etapa la historia del Monasterio nos ha dejado en herencia confusión y controversia; muertos de un lado y de otro. Por eso, y, aunque en 1949, tras una cuidada restauración, esta impresionante estructura arquitectónica recuperaba parte de su esplendor volviendo a manos de a quién perteneció desde 1890 -al Obispado de Cuenca-, aún entre sus muros siguen resonando los gritos de quienes perdieron la vida por sus ‘ideas’, así como los ecos de viejas historias malditas. Si ir más lejos, una placa, en la fachada oeste del Monasterio, recuerda, aún hoy, a los visitantes que cinco hombres murieron allí, en 1679, al abrir sus cimientos. Y es que hasta las obras de este magnífico edificio se cobraron sus propias víctimas...

             Hoy, el Monasterio de Uclés, convertido en el Seminario Menor ‘Santiago Apóstol’ del Cabildo conquense, compatibiliza sus funciones religiosas y educativas con las visitas turísticas de quienes se acercan a Uclés para contemplar un enclave único, en medio del cuál se alza arrogante ‘El Monasterio’, protagonista mudo de parte de la historia de España.

 

En memoria de una víctima del franquismo: Juan Francisco Vindel

“Descansa en ‘paz’”

 

            Los esfuerzos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca (ARMHCUENCA) daban sus primeros frutos el pasado sábado siete de agosto.

            Ese día, un equipo de expertos encabezados por el médico forense Francisco Etxeberría de la Universidad del País Vasco, ejecutaba la primera de las exhumaciones de las muchas que posiblemente se irán realizando a lo largo de los próximos años -si las familias de los que allí descansan, así lo quieren- en el cementerio de Santa Catalina de Uclés y en la Tahona, camposanto repleto de fosas comunes, cercano al Monasterio. Allí, en ambos cementerios duermen, los restos de más de 500 víctimas del franquismo, la mayor parte  -unos 316- represaliados políticos que pasaron sus últimos días presos entre los muros del Monasterio de Uclés, por aquel entonces convertido en inexpugnable cárcel franquista.

            Estos primeros restos exhumados pertenecen a Juan Francisco Vindel Carrillo, un vecino de la localidad conquense de Horcajo de Santiago.

            Vindel, perdía la vida en la sala 7 del monasterio-cárcel -«la celda de las torturas», nos explicaba su nieto, Francisco López Vindel- el ocho de agosto de 1941, como consecuencia de una brutal paliza perpretada por sus carceleros. «Una más de las muchas que recibió a lo largo del año y medio que permaneció en esa prisión», afirmaba López en este sentido.

            El parte médico, sin embargo, esgrimía como causa de la muerte de Vindel una miocarditis aguda.

            Cuatro años ha tardado la familia en recuperar sus restos mortales desde que se pusiera en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el año 2000, tras la publicación de un artículo titulado ‘Fosas franquistas’ en la revista Interviú. «En ese artículo se hablaba de la Asociación -manifestaba López-, y de Santiago Macías y Emilio Silva, su presidente y vicepresidente respectivamente. Yo me puse en contacto con ellos y les conté nuestra historia».

            Pero, sin duda, la espera «ha merecido la pena».

            Hoy, 63 años después de su muerte, Juan Francisco descansa en su pueblo natal, Horcajo, junto a su esposa Eloísa, y cerca de quienes más lo quisieron, sus seis hijos, que aún viven para velarlo.

            El sepelio, nos explica Vindel, «fue sencillo, en la intimidad». La exhumación «emotiva, por la fecha más que nada», ya que escasamente 24 horas después se cumplía la onomástica de su muerte.

            El ‘por qué’ después de tantos años, está muy claro: «no es una cuestión de remover cenizas, ni de orgullo; es simplemente querer que mi abuelo descanse en su pueblo, con los suyos».

            Y es que Francisco López Vindel, asegura que «no hay rencor, nunca lo hubo», porque «yo, que tengo ahora 47 años, ni siquiera había nacido y, mi madre que era la mayor de los seis hermanos, era en realidad muy pequeña; tan sólo tenía trece años».

            López recuerda con cariño a su abuelo. «Yo siempre supe de él y de lo que le había pasado, porque mi madre hablaba mucho de su padre y nunca me ocultó nada al respecto», nos explica.

«Mi abuelo era republicano, como muchos lo fueron. Y, tras acabar la guerra ya vino detenido desde el frente hasta la cárcel del Monasterio. Desde Uclés pidieron informes a los vecinos de Horcajo; todos fueron negativos; de ahí las continuas palizas que le propinaban».

            López afirma entonces que «en los últimos tiempos de la república, allá por el 35 o el 36, mi abuelo tuvo un grave enfrentamiento con un vecino». Enfrentamiento que, años después, le pasaría factura. Y es que, la realidad es que Vindel sufrió una venganza en forma de malos informes que no favorecieron su estancia en la cárcel de Uclés, en la que permanecería incomunicado y aislado del resto de los presos. «Muchos de estos presos -nos cuenta López-, eran vecinos como él de Horcajo, y fueron quienes le contaron a mi madre que mi abuelo estaba siempre lleno de golpes y cubierto de sangre».

            La búsqueda de los restos de Juan Francisco fue una ardua tarea aunque «los recuerdos de mi madre, ayudaron mucho. Ella siempre ha tenido muy buena memoria», nos explica. «Siempre ha sabido dónde estaba enterrado su padre».

«Cuando exhumamos el cadáver -prosigue López en su relato - pudimos comprobar que todo, absolutamente todo lo que le habían dicho a mi madre sobre la tumba de mi abuelo era cierto, incluso la piedra grande que protegía sus restos». Esa piedra, nos explica López, fue puesta aposta porque la caja -ataúd- donde yacía mi abuelo era muy endeble». «Fue cosa de un primo hermano suyo que también cumplía prisión en Uclés y que, cuando iban a enterrar a mi abuelo, fue requerido por el Capellán del Monasterio para que le ayudase en el sepelio. Al ver que la caja, como digo, era endeble, formaron con la piedra una especie de bóveda, bajo la cuál enterraron el cuerpo».

            Lo peor para Francisco López Vindel es que su abuelo nunca fue juzgado, ni condenado.

            Lo mejor, para la ARMHCUENCA, es que la exhumación de los restos de Juan Francisco Vindel Carrillo, son el principio de un largo camino que víctimas, familiares y, españoles en general, debemos recorrer para recuperar la memoria y, la dignidad, de quienes murieron por sus ideas; para que así, podamos disfrutar de nuestro presente y nuestro futuro, sin olvidar nuestro pasado.