LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Revista Torrejoncillo del Rey

                Recientemente una periodista del Día de Cuenca me entrevistó con un afán especial en esta cuestión. Aparentemente le habían llegado comentarios, privados por supuesto, de que había gente muy descontenta con la labor que realizamos desde la ARMH Cuenca, ya que era reabrir unas heridas para ellos definitivamente cerradas. También se nos acusaba de parcialidad, al estudiar sólo una parte de la historia. Analicemos estas dos críticas, que suponemos constructivas, por separado.

                Empecemos por la segunda, por la parcialidad. Nos dicen que no tratamos la represión que tuvo lugar en la Cuenca leal a la República. Y es cierto. Pero no por desconocimiento, sino por que es un tema más que trillado, las referencias bibliográficas y hemerográficas desde los primeros años cuarenta son abundantísimas. Eso sí, abundantes en número y en falacias y propaganda. Para lo que a este tema toca aconsejamos la lectura del libro “La Guerra Civil en Cuenca” Vol. II de Ana Belén Rodríguez Patiño, al ser el primer estudio riguroso que sobre el tema se hace. Por si desean comparar, échenle un vistazo a los capítulos de Cuenca de la Causa General o al Martiriológio de la diócesis de Cuenca, por poner dos de los ejemplos más conocidos. 

                Además, todas aquellas personas fueron exhumadas y enterradas con ayuda estatal y con todos los honores, y también homenajeadas hasta la saciedad durante la dictadura e incluso en los años de la democracia. Ahí están aún hoy esas placas y cruces, esos nombres de calles, plazas, colegios,... en honor y memoria de los generales golpistas y sus acólitos, propagandistas y torturadores. Ahí siguen y a nuestros detractores les parece muy bien.

                Llegados a este punto, hemos de preguntarles si han visto alguna vez una simple placa en un cementerio de nuestra provincia en la que los demócratas de hoy recuerden a quienes defendieron la constitución de 1931. ¿Acaso no tenemos derecho a recordarles y honrarles? ¿Han visto ustedes alguna plaza Manuel Azaña? Es quizá así como , en su opinión, se cierran las heridas. Lo mío todo, lo tuyo nada. No parece razonable ni aceptable.

                ¿Porqué estudiar y dar a conocer esta parte de la historia? Sencillamente porque parece que no hubiera existido ni la República, ni el genocidio frío y calculado de la izquierda por parte del estado franquista. Y ante este vacío hemos de actuar, hemos de mirar al pasado con total normalidad democrática para completar toda la historia y no sólo la que oficialmente nos ha llegado. Puede que piensen que exagero, pues bien intenten encontrar una foto publicada de un acto público republicano en Tarancón, por poner un ejemplo, entre 1931 y 1939.

                Pasemos al otro aspecto, al hecho de que estamos reabriendo heridas. Nada más lejos de la realidad. No nos parece que Juan Francisco Vindel Carrillo, exhumado el pasado siete de agosto tras sesenta y tres años de su muerte repose en su pueblo, Horcajo de Santiago, junto a los restos de su esposa en un lugar reconocido y visitable por su familia sea reabrir ninguna herida, más bien es suturarla. ¿Acaso defienden nuestros críticos que es justo, humano y deseable que víctimas de la violencia franquista como Juan Francisco sigan tirados como perros, sin tener sus familias un lugar de duelo digno o conocido? Si así fuera pónganles ustedes el adjetivo, yo paso.

                Para concluir, decir que todo esto expuesto con claridad y veracidad y sin ningún rencor. Haciendo uso de la libertad de expresión que todo ciudadano disfruta en nuestra democracia, recuerden que aquí cabemos todos. Ya es hora de cerrar de una vez por todas  las heridas, de mirar al pasado con un ojo puesto en el futuro, si no seguiremos corriendo el riesgo de repetir situaciones erróneas e indeseables.

   

Máximo Molina Gutiérrez.

Presidente de ARMH Cuenca.