A Leonor Mariano Poveda y Maria Francisca Herráiz Herráiz.

IN  MEMORIAM

      

            Hacer Realidad la recuperación de la verdad, de la dignidad y de la justicia que les corresponde y deben recibir las personas sacrificadas y represaliadas durante la represión franquista.

            No he encontrado mejor síntesis para empezar a escribir que el primer fin que aparece en los estatutos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

              Efectivamente pretendemos sacar a la luz la memoria social de la provincia durante la  II República, Guerra y Posguerra. Recuperar la memoria toda de la primera democracia verdadera de la historia de España, que, aunque somos conscientes que tiene sus luces y sus sombras, marca un punto de inflexión fundamental en nuestro pasado y nuestro presente. El sufragio universal, la jornada de ocho horas, las mujeres ciudadanas de pleno derecho,…hunden sus raíces en la República.

              A nivel local, tanto en la capital como en los pueblos, supone un primer intento democratizador de las instituciones que llega sin pegar un tiro el 14-4-1931. Era la primera vez que el poder municipal en tantos pueblos no estaba en manos de los de siempre.

              Un esperanzador proyecto aplastado por un golpe de estado violentísimo que, desde sus orígenes, organiza la masacre sistemática del adversario político; con un fin básico, que todo quedara, de nuevo, en el sitio donde siempre había estado.

              Es este un periodo en cuya interpretación la propaganda franquista ha campado a sus anchas durante los años de la dictadura y en los de la democracia. La conciencia colectiva está muy marcada por esa propaganda. A ello ha ayudado también el manto de silencio y olvido que sobre la República, los republicanos y su aplastamiento cayeron tras los pactos de la Moncloa. La transición firma el olvido conveniente de nuestras raíces democráticas y deja a miles de de personas enterradas por los caminos, por ejemplo 9 de los fusilados en Tarancón en 1939, o abandonados como animales en recintos inaccesibles y cochambrosos como es el caso de Uclés. Y deja también miles de ciudadanos, aún hoy, con condenas judiciales no derogadas, por juicios políticos, por pensar distinto.

              A este olvido ha coadyuvado la memoria de la izquierda, de los vencidos, que tras sufrir tanto sigue siendo una memoria en voz baja, de puertas adentro, con temor. Como si hubiera todavía hoy algo que temer en el año 2004. Así de prolongados y extensos son los efectos de la represión franquista.

              Uno de los mayores éxitos de ésta es la división de las víctimas. En mi familia, por ejemplo, se culpa a mi abuelo Francisco por su militancia en UGT de los otros muertos de la familia, cuando es claro que los responsables de su muerte fueron los golpistas. En otras ocasiones parece que hay condenados bien condenados y otros que lo fueron injustamente, cuando en realidad ninguno tuvo justicia en unos consejos de guerra, sin posibilidad de defensa alguna,  en los que a los leales se les condenó por rebelión. Esa asunción de culpabilidad que el franquismo impuso a sangre y fuego, que está tan extendida y que aún hoy publicita, henos de dejarla a un lado. No eran agresores, eran víctimas. Víctimas golpeadas, violadas, discriminadas, asesinadas por un delito flagrante de izquierdismo, de republicanismo de pensamiento, palabra, obra u omisión.

              Con esta culpabilidad a cuestas, con esta memoria a puerta cerrada, nos encontramos unas situaciones muy paradójicas. En Tarancón, donde resido, un colegio concertado religioso y el departamento de religión del instituto público llevan anualmente a los muchachos de excursión al Valle de los Caídos, sin explicarles que es y cómo se construyó. Y no pasa nada. Nuestra provincia está plagada de cruces en memoria de los caídos por dios y por España en las iglesias, en las carreteras y caminos, en los jardines,…El callejero rebosa referencias a la dictadura, sus líderes y sus mártires. Y tampoco ocurre nada. La paradoja reside en esencia en que al parecer no estamos en nuestro derecho de reivindicar la memoria democrática del país, la memoria de la izquierda. ¿No es acaso extraño que una democracia no reivindique sus orígenes? ¿No es curioso que siga habiendo plazas del caudillo y no exista ni un callejón Manuel Azaña? ¿Es justo que en toda la provincia no haya una simple placa que los recuerde?

          Sin embargo no es esta la mayor contradicción a la que asistimos. El estado español subvenciona a la Fundación Francisco Franco. El mismo estado localiza, identifica y repatria a los combatientes de la División  Azul. Mientras tanto, es la sociedad civil, con asociaciones como la nuestra basadas en el trabajo voluntario, la que recupera la memoria, promueve homenajes, y localiza y devuelve a sus familiares, 67 años después, los restos de los socialistas, anarquistas, republicanos o comunistas asesinados por el franquismo. No hay que esforzarse mucho para ver el obvio desequilibrio de medios y esfuerzos.

          Pensamos que ya es hora de saldar la deuda moral que tenemos con nuestra historia democrática, que es intolerable la situación en que se mantiene a los familiares de estos muertos. Ya está bien de muertos de primera y de segunda, de que la represión, marginación y castigo a estos hombres y mujeres persista postmortem tras 27 años de democracia en nuestro país.

 

“En mi pueblo no se tomaron represalias de ningún tipo […] cuando la Guerra se acabó. Como homenaje a los asesinados [en 1936] se pusieron sus nombres a tres calles de nuestro pueblo.

  En nuestro pueblo hace años que olvidamos  y perdonamos. Ustedes deberían hacer lo mismo.”

 

        Esta es una cita textual de una carta que hemos recibido recientemente. Por supuesto no se menciona a ninguno de los muertos de su pueblo tras 1939, ni las muchas represalias de todo tipo que se tomaron. La cita ilustra por sí sola la hemiplejía de la memoria oficial a la que nos enfrentamos.

 

“Cuando el olvido impera, es que el asesino anda suelto. Es el triunfo de quien produjo daño y creó olvido”

 

Reyes Mate.

 

                        Máximo Molina Gutiérrez

                        Presidente ARMH Cuenca.